lunes, 28 de febrero de 2011

La palabra y el nacimiento de la humanidad.

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Ya adolescente me interesó el mundo griego clásico, recuerdo leer con afecto la Iliada y la Odisea, también Jasón y los Argonautas. De niño me llaman la atención las películas de los años 1960 que se producen sobre el tema – El gigante Cíclope de un solo ojo central – quedó retenido en la memoria infantil. Incluso la Biblia, a pesar de la obligación colegial. Estos escritos, junto a los orientales Vedas, los más antiguos de la humanidad han estado presentes durante casi toda mi vida. Primero llegué a comprender la validez de los mitos que forman arquetipos, luego su simbología, actualmente su proceso histórico, como y porque fueron escritos. Todos estos antiguos textos provienen de una transmisión oral que se conforma con la invención de la escritura. El mito es profano y sagrado a la vez que poético. La religión selecciona los textos de mayor valor moral, las alegorías útiles que sirvan para regular un orden general con el propósito del bien común, aunque el conocimiento es poder y las clases que lo poseen lo ejercen.

Robert Graves con el Vellocino de Oro o Thomas Mann con José y sus hermanos describen en sus novelas, como fue el mundo anterior a la escritura, una humanidad prehistórica culta, que usó el lenguaje como medio de comunicación y tradición oral.

El ser humano se crea con la idea, el concepto, la palabra, y la razón.

Sin la palabra no existía todavía la humanidad.

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