martes, 15 de marzo de 2011

El Dios intelectual.

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"Que haya luz". Génesis 1:3
Dios es un problema filosófico insoluble. El Dios católico es la proposición de la fusión de las escuelas levíticas judías con las academias y liceos griegos, a la respuesta que el hombre se hace ante la trascendencia, junto al acontecimiento antropológico de la vida de Jesucristo: enseñanzas, sacrificio, muerte y resurrección. Según se relata en los evangelios escritos por concilio de las primeras comunidades cristianas del siglo II y III de nuestra era.

Dios se manifiesta a través del hombre, con palabras de hombre, y escritos de hombres. Dios se manifiesta a través de lo que Aristóteles llamó “un intelecto activo (nous poietikos), y un intelecto pasivo (nous pathetikos)”. Las Sagradas Escrituras, de las diversas culturas, usan ambos intelectos en su creación. Profetas existieron muchos, pero en los libros canónicos, se han seleccionado solo los de mayor valor sapiencial o moral.

Toda Revelación es la cumbre de la sabiduría del hombre conciliada por los individuos más predominantes de una religión. También el problema del más allá es insoluble, cualquier propuesta escatológica sobre el cielo o el infierno eternos proviene de los mitos. Y en el caso de las religiones actuales, es un “barómetro” moral. El bien tiende a perfeccionar, y el mal a destruir, es obvio pensar, que con el ejercicio del bien en esta vida biológica pueda permanecer una alma intelectual inmortal.

Aristóteles propuso: El intelecto activo “ilumina” el objeto de los sentidos, proporcionando lo inteligible, algo así como la revelación de los colores visibles. Es pura energía sin ninguna potencialidad y su actividad es continua. Es algo separado, inmortal, eterno. El intelecto pasivo por una parte recibe las formas abstraídas por el intelecto activo e idealmente las transforma en objeto.

El comentador Alejandro de Afrodisias, interpreta que el “nous poietikos” (pensamiento creativo) es la actividad de la Divina Inteligencia. Esta visión fue adoptada por muchos filósofos árabes en la Edad Media, quienes concibieron esta perspectiva, en un sentido panteístico .

El panteísmo (en griego: παν (pan), "todo" y θεος (theos), "dios": literalmente "Dios es todo" y "todo es Dios") es una doctrina filosófica según la cual el Universo, la naturaleza y Dios son equivalentes. La ley natural, la existencia y el universo (la suma de todo lo que fue, es y será) se representa por medio del concepto teológico de "Dios".

El panteísmo es la creencia de que el mundo y Dios son lo mismo, es más una creencia filosófica que religiosa. Cada criatura es un aspecto o una manifestación de Dios, que es concebido como el actor divino que desempeña a la vez los innumerables papeles de humanos, animales, plantas, estrellas y fuerzas de la naturaleza.

El panteísmo es incompatible con la creencia en un Dios personal, de ahí que para algunos sea una expresión del ateísmo. Sin embargo también aporta un nexo de unión entre diferentes religiones, por ejemplo hay poca diferencia entre esta visión o el que para los budistas "el uno es el todo".

Siguiendo con los filósofos. Para muchos de ellos, el intelecto activo es la razón universal que ilumina a todos los hombres. Con Avicena, el intelecto pasivo sólo en si mismo, es individual. Averroes concibió que ambos tipos de intelecto son formas separadas del alma individual que se encuentra en todos los hombres.

Sin embargo el intelecto y el cuerpo no son dos elementos separados. Una determinada química cerebral en un momento del día puede hacer que nos sintamos bien o mal. Que pensemos bien o mal. Objeto y sujeto se fusionan con subjetividad emocional, sensorial, con o sin prejuicios.

El bien y el mal están continuamente ahí. Somos como una montaña rusa. Cada instante los electrones de nuestro cuerpo, recorren miles de kilómetros por nuestro sistema nervioso. Las influencias de los sentidos provocan reacciones físicas y químicas que se transforma en pensamientos y estos en una simbología llamada metalenguaje, lenguaje y lengua.

Desde “Byblos o Biblion” emergió el conocimiento a posteriori de forma regulada y adaptada a la temporalidad histórica. Bien en forma de filosofía como de teología. La segunda es la búsqueda de la razón a la trascendencia, de la inmortalidad dogmática.

El tiempo no existe, solo es una percepción biológica, la creación es eterna y la energía dinámica se trasforma infinitamente una y otra vez. Las posibilidades de cielos e infiernos son también infinitas, pero todavía desconocemos la Ley verdadera de nuestros acontecimientos futuros.

Aunque si sabemos que deseamos una Paz Eterna.
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martes, 8 de marzo de 2011

El pensar.

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Fotografía: Cenizas. Autor: Juan Carlos Estrela.
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El pensar es fugaz y se expresa principalmente en una lengua, también por medio de lenguajes y metalenguajes esencialmente artísticos. El pensamiento se diferencia del espíritu por las sensaciones de bien estar o mal estar , producidas por eso que se llama conciencia y que es un acto cuántico promovido por una memoria emocional circunstancial.

martes, 1 de marzo de 2011

El hálito de la vida.

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Fotografía: Ángel. Colección: Irisdiscencias. Autor: Juan Carlos Estrela.
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La Grecia clásica ha sido como un milagro para la humanidad. Nos aportó el conocimiento básico que forja la realidad intelectual y tecnológica de nuestra cultura actual. Mucho se puede escribir de un periodo que duró en su máximo esplendor cuatrocientos años, desde el siglo VII a. C. y los siete sabios presocráticos – Solón: Conócete a ti mismo – sentencia que estaba inscrita en la puerta de entrada al templo de Delfos en el monte Parnaso. Hasta el siglo IV a. C.
que nacen la Academia Platónica, el Liceo Aristotélico y se desarrollan las escuelas.

Entre tanta explosión de conocimiento uno de los conceptos que personalmente me llama la atención.
La entelequia es un término filosófico definido por Aristóteles. El término tiene su origen en la palabra griega έντελέχεια (entelecheia), combinación de enteles (‘completo’), telos (‘fin’, ‘propósito’) y echein (‘tener’). La palabra fue creada por el mismo Aristóteles, siendo posible traducirla como ‘tener el fin en sí misma’. Literalmente podría interpretarse - tener un propósito completo.

La entelecheia es un trabajo activo hacia la consecución de un fin, intrínseco a la misma cosa. Pero es también ese fin, ese estado en que la entidad ha realizado todas sus potencialidades, y por tanto, ha alcanzado la perfección.

Este concepto ocupa una posición central en la metafísica de Leibniz, y está íntimamente relacionado con su monadología - trata de átomos formales que no son físicos, sino metafísicos. Así, cada entidad sentiente - generalmente se ha considerado al término ser como un sinónimo de entidad o ente, en tanto que sería una cosa que posee existencia y autonomía, contiene en sí misma, en cierto modo, su propio universo, ya que ella misma, sin impulso externo, tiende hacia esa autorrealización. De esta forma, cada entidad sentiente es una mónada - unidad básica que refleja el todo en armoniosa concatenación de percepciones, una entidad totalmente independiente que no tiene contacto con otras entidades excepto a través de la acción mediadora de Dios.

Élan vital es un término introducido por el filósofo francés Henri Bergson, traduciéndose normalmente como "fuerza vital" o "impulso vital". Es una fuerza hipotética que causa la evolución y desarrollo de los organismos.

Prana es una palabra en sánscrito que hace referencia a "lo vital", la fuerza de las cosas vivas y la energía vital en el proceso natural del universo. El concepto de Prana se expone por primera vez en los Upanishads - designa a cada uno de los casi 150 libros sagrados hinduistas, escritos en idioma sánscrito, entre los siglos VII y V a. C. aproximadamente.

El Prana aparece como parte de la realidad física y es el soporte del cuerpo y la madre de la mente y el pensamiento. El Prana tiñe cualquier forma de vida, pero no es en sí mismo el Atman o alma individual , que es el término usado para referirse al Espíritu universal, la Mónada divina, el primer Principio, el Espíritu, el Yo.

Las cosas vivas están animadas por una entelequia similar al concepto freudiano de id, el Ello en latín: Su contenido es inconsciente y consiste fundamentalmente en la expresión psíquica de las pulsiones y deseos.

El deseo de progreso es intrínseco a la vida, porque necesita mejorar para prevalecer en competencia con las otras entidades singulares que le rodean. Instinto y perfeccionamiento contienen la misma esencia metafísica.
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