martes, 1 de marzo de 2011

El hálito de la vida.

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Fotografía: Ángel. Colección: Irisdiscencias. Autor: Juan Carlos Estrela.
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La Grecia clásica ha sido como un milagro para la humanidad. Nos aportó el conocimiento básico que forja la realidad intelectual y tecnológica de nuestra cultura actual. Mucho se puede escribir de un periodo que duró en su máximo esplendor cuatrocientos años, desde el siglo VII a. C. y los siete sabios presocráticos – Solón: Conócete a ti mismo – sentencia que estaba inscrita en la puerta de entrada al templo de Delfos en el monte Parnaso. Hasta el siglo IV a. C.
que nacen la Academia Platónica, el Liceo Aristotélico y se desarrollan las escuelas.

Entre tanta explosión de conocimiento uno de los conceptos que personalmente me llama la atención.
La entelequia es un término filosófico definido por Aristóteles. El término tiene su origen en la palabra griega έντελέχεια (entelecheia), combinación de enteles (‘completo’), telos (‘fin’, ‘propósito’) y echein (‘tener’). La palabra fue creada por el mismo Aristóteles, siendo posible traducirla como ‘tener el fin en sí misma’. Literalmente podría interpretarse - tener un propósito completo.

La entelecheia es un trabajo activo hacia la consecución de un fin, intrínseco a la misma cosa. Pero es también ese fin, ese estado en que la entidad ha realizado todas sus potencialidades, y por tanto, ha alcanzado la perfección.

Este concepto ocupa una posición central en la metafísica de Leibniz, y está íntimamente relacionado con su monadología - trata de átomos formales que no son físicos, sino metafísicos. Así, cada entidad sentiente - generalmente se ha considerado al término ser como un sinónimo de entidad o ente, en tanto que sería una cosa que posee existencia y autonomía, contiene en sí misma, en cierto modo, su propio universo, ya que ella misma, sin impulso externo, tiende hacia esa autorrealización. De esta forma, cada entidad sentiente es una mónada - unidad básica que refleja el todo en armoniosa concatenación de percepciones, una entidad totalmente independiente que no tiene contacto con otras entidades excepto a través de la acción mediadora de Dios.

Élan vital es un término introducido por el filósofo francés Henri Bergson, traduciéndose normalmente como "fuerza vital" o "impulso vital". Es una fuerza hipotética que causa la evolución y desarrollo de los organismos.

Prana es una palabra en sánscrito que hace referencia a "lo vital", la fuerza de las cosas vivas y la energía vital en el proceso natural del universo. El concepto de Prana se expone por primera vez en los Upanishads - designa a cada uno de los casi 150 libros sagrados hinduistas, escritos en idioma sánscrito, entre los siglos VII y V a. C. aproximadamente.

El Prana aparece como parte de la realidad física y es el soporte del cuerpo y la madre de la mente y el pensamiento. El Prana tiñe cualquier forma de vida, pero no es en sí mismo el Atman o alma individual , que es el término usado para referirse al Espíritu universal, la Mónada divina, el primer Principio, el Espíritu, el Yo.

Las cosas vivas están animadas por una entelequia similar al concepto freudiano de id, el Ello en latín: Su contenido es inconsciente y consiste fundamentalmente en la expresión psíquica de las pulsiones y deseos.

El deseo de progreso es intrínseco a la vida, porque necesita mejorar para prevalecer en competencia con las otras entidades singulares que le rodean. Instinto y perfeccionamiento contienen la misma esencia metafísica.
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